Miércoles, 30 Diciembre 2015
UNA HISTORIA PARA NOCHEVIEJA

UNA HISTORIA PARA NOCHEVIEJA

Lídia adoraba la nochevieja. No sabía qué parte le gustaba más de aquella fiesta. Por un lado, disfrutaba haciendo memoria de todas las cosas que le había traído el año que finalizaba. Por otro lado, los misterios que vendrían con el nuevo año, le creaban una gran emoción.

Lo que Lídia sí que sabía cierto era que no podía acabar el año sin hacer toda una serie de rituales que, supuestamente, la ayudarían a hacer mejor el año que estaba por venir. Por eso, empezaba el día 31 de diciembre escribiendo una lista con todas las cosas que debía hacer para cumplir con estos rituales.

De buena mañana, barría de arriba abajo la casa para tenerla muy limpia y pulcra para el año nuevo. Hacia mediodía, se cerraba en la cocina para guisar sus famosas lentejas de fin de año, que serían el plato fuerte del día, acompañadas de manzana para postres. Así, empezaría el año con el aparato digestivo en perfecto estado.


A lo largo del día, aprovechaba cualquier momento para encender velas y decorar la casa con flores para purificar el ambiente. También escondía una moneda debajo de la alfombra y dejaba una maleta en la entrada de casa. Con estas dos acciones, se aseguraba bonanza y viajes para todo el año.
Con todo a punto, sólo tenía que esperar a las doce de la noche, acompañada de las personas a quienes más quería.


Una vez más, Lídia se preparaba para la nochevieja, pero no sabía que este año todo sería diferente. A las doce menos diez, como era habitual, hizo una última comprobación para controlar que todo estuviera preparado:
- ropa interior roja, correcto
- uvas preparadas, correcto
- cava preparado…

Así, cuando sonaron las campanadas, Lídia, apareció con todos los enseres necesarios para empezar el año con suerte y procedió con los rituales:
Con la copa de cava con oro preparada, se tragó las uvas al ritmo de las campanadas, levantó la pierna derecha, pegó tres saltos y …

 FELIZ AÑO NUEVO!!


Entre serpentinas y matasuegras empezaron las felicitaciones pero nadie encontraba a Lídia. Y es que, a pesar del control sobre los preparativos nunca hubiera esperado empezar el año cayendo por los suelos.

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